sábado, 19 de abril de 2014

Yo opino:

Cambiar de Obra
Rolando Húbner Marcos Picón

No sé si es la comodidad de la silla o el silencio de esta noche, en días donde el ritmo repetitivo de la lluvia rompe cualquier concentración, hoy me siento a pensar si así lo quisiéramos llamar o solamente llega  la idea de  participar en este escenario político que más parece una presentación artística en  un teatro donde todo es una simulación.

Cuando vemos a la política como un escenario donde está permitido las mentiras, la corrupción, los engaños, las calumnias y hasta las amenazas nos convertimos en una sociedad dramática, contorsionada, gesticulante; donde todos actuamos, y somos partícipes de un teatro, y de una obra donde no queremos actuar, porque en los vestuarios comentamos las verdades y no estamos de acuerdo con este escenario.

Cuando esto pasa en los pueblos las sociedades se dividen entre los que aplaude y los que de una u otra manera muestran rápidamente su desencanto, pero están también los que escriben loas, gritan, cantan el himno falso y los que callan, porque saben y no quieren decir la verdad entonces, los ciudadanos pasamos a ser actores de un dramatismo que tampoco queremos.

Miremos a donde miremos encontraremos actores de este teatro falso, y los ciudadanos convertidos en espectadores perpetuos no debemos pensar, ni interpretar los hechos y actos nada sanos de nuestros actores principales, solo tenemos que caminar en nuestro pueblo en un espacio público que no nos es ajeno que conocemos, pero del cual no podemos opinar, maldecir, ni criticar porque somos espectadores mudos de este escenario del cual somos dueños pero no amos.

Los actores principales, seguirán en sus nubes esperando el aplauso o la pifia de la multitud, o contratando a periodistas dispuestos a poner su talento al servicio de los dueños del teatro, para cantar alabanzas, empalagosas frases bonitas, con campañas festivas, o promocionando festivales donde la borrachera, las bandas de músicos compra conciencias y como siempre nosotros estaremos en la tribuna aplaudiendo cada escena aunque ninguna merece realmente tal aplauso

Nace aquí la industria de los ayayeros que enumeran las virtudes del líder y nos muestran a todo un angelito, al protagonista, el actor principal a quien está prohibido criticarle, a un buen actor, pero también como pueblo nos dividen entre los leales y desleales.

En este teatro de actores falsos no importa mucho el origen de los leales, si han cambiado de camiseta, olvidando sus ideales, su moral ni su ética, si en algún momento lo tuvieron solo esperan ser llamaado como los actores principales, no importa su pasado “si fue no me importa” a los leales les es perdonado todo siempre que se muestren dispuestos a participar, aplaudir, lanzar loas, y armar el bullicioso ritmo para el oído de los actores.
Y donde quedamos nosotros cuyos actos y actores están en contra de nuestras convicciones, de nuestra conciencia, lo seguiremos haciendo con los rostros adustos en silencio y de mala gana, pero recuerden que si no hacemos nada tendremos que asistir una y otra vez a la misma función.
Cambiar de teatro y de actores supone construir otro edificio y buscar nuevos actores entre los espectadores para una nueva obra esa obra será la inspiración de un pueblo con actores nuevos con compromisos nuevos y entonces podremos decir que nuestro pueblo tendrá futuro.