sábado, 29 de octubre de 2011

Comentario :

VERGUENZA AJENA
Por: Luis Antonio Páucar Solís

Con vergüenza ajena, tengo que recordar aquella vieja frase que dice "el poder corrompe, emborracha, embrutece", aunque hay quienes dicen que solo nos muestra a las personas realmente como son. Una exagerada autoestima empuja ver inútiles en todas partes, es peligroso porque nos acercamos a una embriaguez de poder, y como el poder embriaga, también corrompe, si antes no toma los antídotos para curarse o como decían los abuelos, si no se baja de las nubes a donde se ha subido o lo han subido sus fieles acólitos o ayayeros; entonces el poder también embrutece.

La desvergüenza de algunas de nuestras autoridades, y sus asesores, no tiene límites, con privilegios de aristocráticos, aires de sabelotodos, y mudos ante cualquier pregunta, no hacen más que mostrarnos la incapacidad moral y ética de nuestras autoridades y sus gerentes, con sueldos inconfesables, imposibilitados de conocer con detalles sus desmanes en la gestión publica; están llamándonos a levantarnos de nuestra cómoda posición de observadores, para salir al frente pararlos y defender lo que con toda impunidad se están apropiando, de nuestra grandeza como pueblo.

Cuando alguien se siente que es el más fuerte, quien esta rodeado de cómplices astutos, quienes se saltan las normas básicas de convivencia humana, quienes consiguen la victoria fácil y se creen triunfadores, quienes de noche a la mañana despierta y se encuentran rodeado de dinero que jamás han visto porque jamás han trabajado, se emborrachan de poder.

El poder corrompe cuando tomas la avaricia, la ira, la soberbia, el afán por placeres sin medida, como tus virtudes, y crees que por el hecho de ser autoridad eres intocable. Será la incompetencia, la desconfianza, o la inmadurez, y no lo digo porque hoy nuestras autoridades son relativamente jóvenes, sino que el poder les ha vuelto soberbios y se creen dueños de la verdad y del mundo sin haber logrado nada por el pueblo que les ha dado la confianza de guiarles por las sendas del bienestar y del desarrollo.

El mejor antídoto contra los males del poder radica en la lucha contra las ambiciones deshonestas, contra placeres que encadena, contra espejismos de fama, contra triunfalismos, o aplausos baratos de quienes te rodean. Esta lucha tiene que estar acompañados de hombres, sinceros, honestos, humildes, tranquilos, hombres justos, de idealistas con sueños de llevar a este pueblo al lugar más alto de desarrollo.