miércoles, 25 de noviembre de 2015

Yo opino:

Cuando Huallanca se hizo ciudad
Rolando Húbner Marcos Picón

Cuando sucedió todo pasó como en un amanecer; mi pueblo se hizo ciudad. Ocurrió, no hace mucho tiempo. ¿diez años? ¿quince años?; es difícil saberlo.

Fue como en un lento atardecer de verano de julio o agosto cuando el sol no quiere irse para dar paso a las noches estrelladas donde el firmamento nos invitaba a contar las estrellas o buscar en ellas a las más luminosas.

Lo antiguo y lo moderno
Sucedió cuando nuestras abuelas, madres, vecinas; dejaron de sacar sus sillas, o simplemente sus cojines para sentarse en las veredas, con sus tejidos, algunos con sus hilados; en las tardes de verano a tomar el sol y comentar historias del acontecer diario de nuestra tierra. Fue cuando nuestras abuelas dejaron de salir a sus balcones a contemplar el paso de los jóvenes, o  tal vez a contemplar las solitarias calles o el paso repentino de algún jinete que llegaba desde alguna de las frías punas de nuestro pueblo.

Fue cuando, en las tiendas y en las casas dejaron de sintonizar sus radios y escuchar las noticias por “Radio Unión” , “Radio Ovación”, o “Radio Huallaga”; cuando nuestros abuelos dejaron de salir a las bancas de la plaza de armas, a charla de política, deporte, o de los aconteceres cotidianos; entonces no sé si fue antes o después  que el cóndor del centro de la plaza de armas voló a no volver, seguro al sentirse solo o cuando  desterraron al héroe de la guerra con Chile o al héroe de la bandera,  Aparicio Pomares, de nuestra plaza para olvidarnos de lo que fuimos o porque no supieron por qué estaba ahí.

Jr. Comercio - antes
Fue cuando nuestros vecinos del barrio comenzaron a cerrar con llave las puertas de sus casas, fue cuando llegó la televisión, y los niños y jóvenes dejaron de salir a las calles a jugar, fue entonces cuando escuchamos un grito silencioso de que algo estaba cambiando y la muerte inevitable de pueblo silencioso y generoso había llegado, para dar paso a la modernidad, con casas y construcciones modernas.

Fue  cuando en las puertas y zaguanes de las casas dejamos de ver amarrados los caballos, burros y mulas, y nuestras calles comenzaron a llenarse de automóviles, de camionetas y motos, se asfaltaron las calles, y se tuvieron que hacer rompe muelles para aminorar la velocidad de estos vehículos que no respetan a las personas.

Pero este pueblo un día fue niño, nos pertenecía a todos, podías entrar y salir a cualquiera de los corrales; hoy todo tiene dueño, está cercado, y no puedes pasar, Es que hoy somos ciudad, nuestro pueblo se desarrolló y creció tan rápidamente como en un amanecer, pero el olvido que borra todo lo que toca, no puede borrar el amor y la generosidad de su gente, ni la hermosura de sus paisajes; por eso es necesario darnos una "vueltecita" por sus calles para refrescar los recuerdos de aquellos días en que fuimos muy felices, aunque muchos de nosotros no lo sabíamos. Y ahí están, en el mismo lugar de siempre, como si el cielo, desde su inconmensurable silencio, nos  dijera acá estoy y siempre estaré aquí y que hay cosas que no cambian por más que pase el tiempo.

Jr. Comercio - hoy
El pueblo cambió, pero las estrellas siguen ahí, en el mismo lugar de cuando éramos niños, o jóvenes adolescentes que contemplábamos el firmamento poniendo  a las estrellas como mudos testigos del primer amor sano y sincero. El olvido podrá borrar muchas cosas, pero la memoria se encarga de guardar en nuestro disco duro  lo que más queremos. Sólo hay que revolver un poco para encontrarlas. Siempre fue así, porque mientras alguien recuerde su niñez, su juventud; el Huallanca de antaño no va a desaparecer.

De pronto, uno se siente invadido por imágenes, de días felices, de llantos, de risas, palabras o sensaciones del ayer de canciones y noches de serenata. Se da cuenta de que no es un mero ejercicio de la memoria, ya que, acompañando esos trazos de vida vivida, amanecen vagas emociones que parecen instalarse definitivamente en nuestro interior. Ocurre entonces que de aquellas emociones imprecisas despierta un enorme sentimiento que cubre todo nuestro ser con su presencia, y muchos seguros sentimos humedecer nuestras mejillas. Es como si de golpe todo el pasado vivido quedara resumido en esa estampa agridulce. Como si el tiempo se atorara con el único propósito de meternos en la encrucijada de ser lo que ya no podemos ser.


¡Feliz aniversario, Huallanca!