jueves, 22 de octubre de 2009

Lo que el tiempo se llevó ... ( relatos )

Puente San Juan, sólo recuerdos


En Huallanca aún recuerdan el hermoso puente San Juan de cal y piedra que existía sobre el río Ishpaj, se ubicaba frente a la antigua Escuela 393 (hoy 32226), fatalmente ésta obra arquitectónica desapareció el 9 de marzo de 1981, por efectos de la furia de la naturaleza, la fuerza de las aguas del río derribaron el recordado puente, y los pobladores se lamentaron mucho y quedaron apenados por ésta triste desaparición. Han pasado los años y seguimos añorando al querido puente, mudo testigo de nuestra niñez y años juveniles.


He aquí una descripción breve de cómo era el Puente San Juan: Este puente se terminó de construir en 1852, llevaba por nombre San Juan en honor al Patrón del pueblo. Fue construido a base de piedras labradas y unidas con mezcla de cal, en esos tiempos no había cemento, era de dos ojos o arcos ornamentales para el paso del agua. El puente tenía una longitud aproximada de 40 metros, con un ancho estrecho de casi dos metros, con barandales también de piedra , la plataforma empedrada. En el centro tenÍa una forma circular con asientos de piedras, en un costado había una inscripción sobre piedra donde mencionaba : “Puente San Juan- 1852-Huallanca- Zevallos” , el apellido tal vez sería del constructor o alguna autoridad de esa época. Además, había dos puertas de fierro que daban acceso a las islas o tishgo, en la parte de arriba había un jardín triangular con flores cuidadas por los alumnos de la escuela vecina, en la isla de abajo estaban los árboles añosos de ciprés. Tenía sus gradas de piedra para llegar a las islas.


Relataban los mayores que, para construir los arcos del puente habían utilizado la clara del huevo de gallina, como una mezcla más fuerte para unir las piedras y tenga más resistencia.

Los niños para entrar y salir de la escuela teníamos que pasar el puente, que gustaba bajar a las islas, jugar, corretear y llegar al borde del río , o al pie del puente todos a lavarnos cuando ordenaba el Director Raúl Córdova Alvarado, en la década del 50, luego ya jovencitos paseábamos por el puente con las chicas y apoyados en sus barandas nos poníamos a contemplar el hermoso paisaje del cielo azulino y los cerros circundantes de la ciudad


- Por ese puente pasaron los arrieros con los minerales, el queso, la carne, todos a caballo con rumbo a Cerro de Pasco, y a la costa; por ese puente pasó Leoncio Prado y Andrés Avelino Cáceres en la defensa de nuestro territorio; por ese puente pasó el sabio Santiago Antunez de Mayolo, y también por ese puente pasó el primer carro que llegó de La Unión en 1956, aunque se dice que anteriormente ya habían ensamblado uno en Huallanca sin tener carretera; por ese puente histórico pasaron los toros bravos de la Virgen del Carmen para sus corridas en el mes de julio; por ese antiguo puente pasaron las pesadas maquinarias para instalar la mina Huanzalá

El año de 1952, don David Martel Calderón, como Gobernador de Huallanca, realizó una ceremonia especial con motivo de celebrar el Primer centenario del Puente San Juan, con asistencia de autoridades, profesores , alumnos y ciudadanos; resaltando la importancia de una obra pública y declarándola como patrimonio histórico.


En fin, cuántas cosas podemos recordar del querido Puente San Juan, que ha sido fuente de inspiración de canciones y poesías; Ahora sólo quedan recuerdos en las fotografías, en las pinturas de Mauro Aquino Albornoz. Para que los jóvenes de hoy, que no pudieron conocer éste puente, y tengan una idea, se parecía al puente calicanto de La Unión y de Huánuco, tal vez se construyeron en la misma época. Lo que ahora vemos es otro puente, muy distinto, moderno, de cemento y fierro .


Es un relato de lo que fue el histórico puente San Juan, un recuerdo del antiguo Huallanca, puente que fue mudo testigo de la vida de los mineros y ganaderos, de las épocas de bonanza y decadencia., pero fatalmente despareció luego de 129 años de servir al pueblo. Lo que el tiempo se llevó, porque recordar es volver a vivir.

( Omar Llanos Espinoza )

lunes, 21 de septiembre de 2009

INFO-REVISTA

BIENVENIDOS A LA REVISTA DE INFOHUALLANCA

Creamos esta sección con el afán de darle a nuestros miles de seguidores un momento ameno , con una variedad de artículos exclusivamente huallanquinos.
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REMEMBRANZAS INFANTILES


MI CASA, AQUELLA CASA…
Una parte de mi niñèz lo pasé en el barrio de Santa Rosa, aquel que colinda con el otrora ”temible” barrio de Huarupampa . Vivía en una casa –a mi parecer en aquella época-inmensa , que contaba con un patio en el que tranquilamente podíamos jugar con los chicos del barrio una pichanguita de fulbito, pero lo impedía los dos arboles de manzanos que estaban en medio de el, además tenía dos corralones, en uno de ellos se erguía como un gigante un grueso árbol de Rayàn o Sauco, colgando de este, se encontraban casi todo el tiempo racimos de verdes y maduros frutos, que solamente podíamos mirarlos , ya que nos estaba prohibido tajantemente coger aquellos frutos , que a decir de mi abuelo estos provocaban el coto o bocio, leyenda urbana que con el correr de los años se desmitificó, por que ahora incluso de estos frutos se puede degustar deliciosos postres y conservas de nuestra repostería Novo-andina.
En el mismo patio se encontraba también un añoso árbol de capulí. En el que temporada tras temporada compartíamos y competíamos con los “yuquish” o zorzales la tarea de recolectar y degustar sus riquísimas frutillas, una de esas jornadas nos acompañaba –incluyo a mi hermano y hermana- nuestro amigo Marino nosotros lo llamábamos “marciano”, claro, que no tenia ese aspecto, él haciendo gala de su habilidad y valentía se trepó al árbol y montándose sobre una rama en la que habían numerosos racimos de capulí se dispuso a disfrutar de esa natural delicia que ese añoso árbol nos regalaba, pero fatal decisión fue aquella, que mientras recogía esos frutos, oímos un “crack” posiblemente él nunca lo escuchó, por que ni siquiera se inmutó, fue el segundo y definitivo “crack” cuando se dio cuenta, pero ya era demasiado tarde. Por que ya caía velozmente y sin paracaídas al suelo, claro él no pertenecía a la aviación, por su nombre era marino, nosotros en ese instante solo atinamos a lanzar unos alaridos de sorpresa y estupor al mirar horrorizados esa dantesca escena; luego del suelo se elevó una nube de polvo y hojas, y en medio de ella se levantó milagrosamente sano y salvo nuestro héroe: Marino, nuestro marciano favorito.
Ese mismo patio, que, repito me parecía enorme, tenia también un inmenso charco que siempre se mantenía con agua, alimentada por las constantes lluvias, esta “laguna” la compartíamos con los patos y puercos, claro que nosotros no la utilizábamos para bañarnos, pero si para poner en práctica toda nuestra habilidad confeccionando todo tipo de barcos, ya sea de papel, o de madera que lo construíamos ayudados incluso por el carpintero vecino. Para enfrascarnos los fines de semana en terribles y casi interminables competencias, en el que salíamos mojados y enlodados, y muchas veces resfriados, para el afán y preocupación natural de nuestros padres.

Fue esa casa también escenario de mi más terrible pesadilla infantil, al presenciar como esta se derrumbó a causa del fatídico terremoto del 31 de mayo del 70. Aquella vez tuvimos que dormir en improvisadas carpas junto a los manzanos del patio.
Recuerdo con mucha nostalgia que poco tiempo después siendo casi un púber, tuvimos que marcharnos de esa casa, en la que pasé gran parte de mi feliz e inocente infancia.